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«Pensamos que podíamos contribuir y nos apuntamos a luchar contra el Alzheimer»

Pilar Adiego y Marisol Osés son dos de las 500 voluntarias del CITA-Alzheimer Gipuzkoa. Se cumple un año del inicio del ensayo clínico en familiares de enfermos y sin antecedentes

Los casi 500 voluntarios del proyecto CITA-Alzheimer Gipuzkoa celebraron el jueves una pequeña fiesta en la sede del Centro de Investigación de Terapias Avanzadas (CITA) en Miramón. Los responsables del proyecto de investigación quisieron agradecer la respuesta solidaria un año después del inicio del ensayo que pretende avanzar en el diagnóstico precoz y la prevención de esta enfermedad que afecta a día de hoy a 8.000 guipuzcoanos. El objetivo del proyecto científico es identificar el marcador genético que transmite la dolencia. Para ello, los investigadores comparan los resultados de las analíticas de los voluntarios con familiares enfermos con la de aquellos que no tienen antecedentes. Hace un año, los científicos y médicos especialistas pidieron 500 voluntarios y dieron el sí 487 personas. La mayoría de Gipuzkoa, pero también de territorios como Navarra.

Es el caso de dos mujeres de Pamplona: Pilar Adiego y Marisol Osés. La madre de Pilar sufrió la enfermedad los diez últimos años de su vida, cuando se le detectó en 1977. Marisol no tiene ningún familiar enfermo, «pero quién no conoce a alguien con Alzheimer», dice.
«Mi madre ya no lo era»

Pilar es soltera, enfermera y abogada ya jubilada. Desborda vitalidad. Vivía con su madre en su Pamplona natal. «Cuando te das cuenta de que tu madre empieza a padecer esta dolencia es muy duro. Son olvidos, deficiencias mentales continuadas... Recuerdo que me decía: 'Qué tonta estoy, me estoy olvidando de las cosas más sencillas'. Más tarde me comentaba que no tenía ganas de bajar a la compra porque se liaba con el dinero y las vueltas. Se daba cuenta de que no podía responder como antes», rememora. Parece que lo ha contado decenas de veces porque es uno de los casos más habituales del Alzheimer. «Por eso creo que tuvo una etapa de agresividad, por el sufrimiento de perder facultades tan importantes», recuerda Pilar. «Para los familiares y para mí lo más duro fue entender que ya no era mi madre y que dependía tantísimo de ti. La falta de comunicación es otro gran problema. No te entendía. Luego llega el proceso de deterioro casi total: salía de casa sin vestir, se perdía por la calle o se paraba a preguntar qué tal estaba a gente que ni conocíamos».

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